6-7h / 21 km / Dificultad MEDIA / Esfuerzo ALTO
Sábado 30 de Noviembre
c/ Méndez Álvaro, 44
Llegada: 18:00-18:30h apróx.
Precio Autocar:
Socios numerarios: 4 Euros
Socios simpatizantes: 8 Euros
Socios juveniles: 8 Euros
Socios Senior : 15 EurosAcompañantes: 18 Euros
- Ruta lineal con salida y llegada en diferentes puntos (21 km entre el Pto. de Navacerrada y el centro de Manzanares el Real. En caso de concluir la marcha en Canto Cochino, la distancia será de 16 km.)
- Altitud: Pto. de Navacerrada 1.858 metros, a la cima Las Guarramillas, 2.265 metros y 1.357 metros negativos (cima de Las Guarramillas, 2.265 metros, a Manzanares el Real, 908 metros).
- Desnivel : 407 metros positivos
DESCRIPCIÓN DE LA RUTA
"Travesía desde el Pto. de Navacerrada hasta Manzanares El Real"
derecha, al discurrir junto a las aguas, si bien es más complicado de recorrer por sus continuas subidas y bajadas y cruce de zonas encharcadas. Es una zona de prados horizontal donde abunda el ganado vacuno.
Ya encajonados en la garganta, la senda a veces penetra en el cauce abierto
por las aguas, en otras se aleja. Al final se alcanza el límite del arbolado y
entre pinos silvestres se alcanza una pista, a la altura del puente de Los
Manchegos. Tomar la pista en su lado izquierdo, Norte, y recorrerla un centenar
de metros, hasta sobrepasar un árbol de característico tronco ahorquillado. Tras
él dos voluminosos hitos de piedra señalan el inicio de la
senda por la que se abandona la pista.
Aparecen en esta parte algunos sobresalientes ejemplares de pinos .
Llegado un punto, se ven en la orilla opuesta grandes lanchas de granito pulido
que descienden hacia la barranquera. Sigue la parte más fuerte de
bajada, con sucesivos zigzagues en el camino. Aquí surgen varios
ramales que se aproximan al abismo de la derecha. Desde el borde se contemplan
los Chorros del Manzanares, sucesión de cascadas por las que el río se despeña
con fuerza por el fondo de la garganta.
Al final de la larga bajada, se llega junto a las aguas a la altura de un
bosquete de servales y una poza en el que debe considerarse lugar más sugerente
de toda la ruta. Se cruza el río por el puente del Retén,
formado por tres tramos de pasarelas de madera. Ya en el otro lado se prosigue
un trecho cómodo y casi horizontal hasta unos escalones de piedra que concluyen
en la pista de la Pedriza, a la altura del puente de los Franceses, mil metros
más abajo que el nacimiento del Manzanares.
Desde el puerto de Navacerrada empezaremos a subir la pista hasta la estación repetidora de televisión, situada en la
cima de las Guarramillas, popularmente conocida como la Bola del
Mundo, a 2.268 metros. A partir de este punto el resto de la marcha será en
descenso. Bordear la estación por la izquierda, unos metros antes de unas ruinas situadas en el lado derecho del ancho
camino, abandonaremos éste hacia la izquierda, y sin camino definido
alcanzaremos la cabecera de la depresión de origen glaciar que está
situada justo bajo la cima de Las Guarramillas. El tiempo
empleado hasta aquí será entre una hora y hora y media.
El manantial hurtado
Llega hasta la caseta una tubería protegida, que nace unas decenas más
arriba, a unos 2.200 metros. Una y otra, cañería subterránea y caseta, esconde
el nacimiento del río Manzanares. Bajo la puerta de la construcción, el arroyo
se desborda y ya fluye libremente. De esta manera se ha hurtado el
nacedero del río madrileño a los excursionistas, una aceptable fuente
en su nacedero y de la que ahora carecen al no existir ninguna otra en los
alrededores.
A partir de este punto, la ruta consiste en descender más o menos cerca de
las aguas, para descubrir algunos de los lugares más remotos de toda la Sierra
del Guadarrama. Tras un primer tramo de bajada por prados bastante
empinados, el curso, que en esta primera parte es conocido como arroyo
del Ventisquero de la Condesa, alcanza un estrechamiento en cuyo lado Norte aún
se conservan las ruinas del viejo refugio del Ventisquero de la Condesa, erigido
en los albores del siglo XX.
Las pozas más altas
Más abajo empiezan a unirse al arroyo otros riachuelos, destacando el de
Valdemartín. No tarda demasiado el arroyo en
encajonarse en una garganta. En esta zona puede continuarse por cualquiera de
los caminos que marchan por ambas orillas, aunque es mejor el de la
derecha, al discurrir junto a las aguas, si bien es más complicado de recorrer por sus continuas subidas y bajadas y cruce de zonas encharcadas. Es una zona de prados horizontal donde abunda el ganado vacuno.
Aparecen aquí las primeras pozas y saltos de agua que será una de las
constantes de todo el largo recorrido. Cuando la garganta se estrecha hay que
pasar al lado derecho hasta que se alcanza una gran poza con una cascada, punto
en el que vuelve a cambiarse de orilla.
Ya encajonados en la garganta, la senda a veces penetra en el cauce abierto
por las aguas, en otras se aleja. Al final se alcanza el límite del arbolado y
entre pinos silvestres se alcanza una pista, a la altura del puente de Los
Manchegos. Tomar la pista en su lado izquierdo, Norte, y recorrerla un centenar
de metros, hasta sobrepasar un árbol de característico tronco ahorquillado. Tras
él dos voluminosos hitos de piedra señalan el inicio de la
senda por la que se abandona la pista.
Se inicia un largo y entretenido descenso por el interior de una abrupta
garganta, donde el camino a veces se aproxima a las aguas, mientras otras se
aleja más de cien metros, pero en el que siempre la vegetación amenaza con
hacerlo intransitable. Empinados tramos en bajada se intercalan con largas
travesías dirección Oeste, siempre con el Manzanares abajo y a mano
izquierda.
Los Chorros del Manzanares
Aparecen en esta parte algunos sobresalientes ejemplares de pinos .
Llegado un punto, se ven en la orilla opuesta grandes lanchas de granito pulido
que descienden hacia la barranquera. Sigue la parte más fuerte de
bajada, con sucesivos zigzagues en el camino. Aquí surgen varios
ramales que se aproximan al abismo de la derecha. Desde el borde se contemplan
los Chorros del Manzanares, sucesión de cascadas por las que el río se despeña
con fuerza por el fondo de la garganta.
Al final de la larga bajada, se llega junto a las aguas a la altura de un
bosquete de servales y una poza en el que debe considerarse lugar más sugerente
de toda la ruta. Se cruza el río por el puente del Retén,
formado por tres tramos de pasarelas de madera. Ya en el otro lado se prosigue
un trecho cómodo y casi horizontal hasta unos escalones de piedra que concluyen
en la pista de la Pedriza, a la altura del puente de los Franceses, mil metros
más abajo que el nacimiento del Manzanares.
Seguir por la pista a la derecha unos 400 metros hasta empalmar con la
continuación del camino que deja la pista y desciende a mano izquierda hacia el
río. Sigue un tramo a media ladera y tras una corta subida se descubre
Charca Verde, la poza más famosa del río Manzanares. El camino
concluye en una pista por la que se alcanza de nuevo la pista, ahora
asfaltada.
A partir de este punto puede seguirse por la pista hasta Canto Cochino,
aunque es más agradable cruzar el río por el primer puente y seguir el camino
que, a la derecha, Sur, continúa el descenso en la cercanía del cauce. Penetra a
continuación en el pinar y se aleja de las aguas, hasta que alcanza finalmente
las casas forestales de Canto Cochino. Por un puente de madera
se pueden cruzar las aguas del Manzanares y concluir en este paraje o bien,
seguir por el sendedro que circula entre el recinto de las casas y el río,
dejando el puente a mano derecha.
Se alcanza una amplia pradera que debe cruzarse con ligera tendencia hacia la
derecha, hasta un puente por el que se cruzan las aguas del arroyo de la
Dehesilla. Empalmar en el otro lado con un camino que discurre paralelo a las
aguas. Tomado a la derecha lleva en minutos hasta la Garganta Camorza y
tras ella, se alcanza El Tranco. A partir de este momento, para llegar
a Manzanares el Real hay que recorrer la larga Avenida de la Pedriza, de casi
tres kilómetros de longitud hasta el centro del pueblo.
Alfredo Merino

